sexta-feira, 16 de março de 2012

Cementerio de Enric Miralles, Igualada

Un cementerio ubicado en las afueras de Barcelona, casi al final de la pequeña ciudad, pasando su zona industrial. Llegamos a un lugar que desde el comienzo sentimos desolado, vacío, abandonado: nos puso en un humor específico, sobrio y cortante. Entramos para encontrarnos entre texturas de concreto y tubos metálicos cruzados, poco a poco bajamos la rampa de acceso para encontrarnos entre paredes inclinadas con divisiones cuadradas con nombres y apellidos de familias completas. Exploramos el lugar, pero realmente ya casi sabíamos lo que encontraríamos: más de ese sentimiento de falta. El paisaje irregular dicta el cementerio y a sus visitantes: subimos por unas escaleras como saliendo de una tumba, todo en medio de naturaleza seca. Nos encontramos en una edificación para algún tipo de conmemoración o culto o algo, pero no sabemos qué porque sentimos el espacio tan irregular e inacabado que no lo entendimos. Las tres entradas de luz con ese módulo de nuevo -debe de significar algo- pensamos. Tal vez vinimos a una hora incorrecta, tal vez no deberíamos de estar aqui ahora, y es sólo cuando le pega el sol que se entiende lo que es realmente eso que vemos.








Hersog y De Meuron, Forum, Barcelona

El edificio, museo es muy criticado entre arquitectos y usuarios en Barcelona, sin embargo a mi me pareció una obra casi abstracta con un muy interesante concepto y planteamiento urbano. La exposición como tal no la conocí, más que en planta primera, pero el exterior lo estudié y lo cuestioné: me causó sorpresa tocar la fachada azul que imagino fue hecha con concreto lanzado para llegar a esa textura, me metí debajo de lo que yo creía que sería un techo sin aberturas ni contactos exteriores y me encontré con unas cuántas sorpresas que me dejaron imaginando el interior: plantas totalmente libres menos por los apoyos claramente leíbles en la conexión de calles que logra en planta baja, y entradas de luz con un contacto sutil, casi negro con el exterior. Esos "patios" en la planta de acceso, la planta baja, fueron lo que más me gustó:






Y para el que no conosca el edificio como tal:


terça-feira, 8 de novembro de 2011

quinta-feira, 3 de novembro de 2011

Foro Entre/ 2011

Oaxaca fue el lugar al que decidimos ir, que nos dio su cultura y su magia para aprender en experiencias, conferencias, actividades, visitas y talleres, y que finalmente se resumió en pasarla muy bien.
Nuestro Colectivo 954 del departamento de Arquitectura de la Ibero, al cual me uní desde el principio de este semestre, lleva trabajando durante un año para este evento: una semana que rompe con la vida de todos los quisieron asistir, en la que el ambiente estudiantil se explayó, y se volvió parte de una ciudad. El Foro Entre/ 2011 se planeó con la mente crítica: conferencias de artistas y arquitectos reconocidos mundialmente, que además de lo que tenían que decir, fueron puestos a la prueba de un público con ganas de preguntar y discutir, de participar y de hablar en "foro". Las sedes fueron las mejores, el gran Jardín Botánico, el impresionante Teatro Macedonio Alcalá, la intervención perfecta en CaSa San Agustín Etla, los patios relajantes del MUFI, y la Estación de Ferrocarriles.
El día se organizó para que los asistentes pudieran llenarlo con muchas actividades, a mi personalmente me encantó hacer mi propia playera en el taller de serigrafía, o conocer una casa/taller hecha con materiales como el papel típico oaxaqueño, o la visita a una obra de intervención del arquitecto Mauricio Rocha.
La semana fue un éxito, los participantes se la pasaron muy bien, y los conferencistas (algunos traídos de Chile, Alemania, o Inglaterra, además de México) conocieron o recordaron algo que vale la pena: Oaxaca y la vida estudiantil y alentadora. Yo creo que el logro se debió a que el Colectivo es un grupo increíble.
Las conferencias que trajimos interesaron mucho, y aunque no todos los asistentes estuvieran de acuerdo con algunos puntos de vista expuestos, se hizo pensar al público, y hacerlo manifestar lo que podría ser otra forma de ver la misma cosa.


Las cosas que se ven en Santo Domingo.



IAGO, en los talleres de la mañana.

El Teatro Macedonio Alcalá.

Male, Fer y yo.

Yo en la visita de obra del Convento de San Pablo

Yo en el MUFI


Pico de Orizaba

El fin de semana me fui a escalar el Pico de Orizaba: la montaña más alta en territorio mexicano. Llegamos al refugio de noche, ya habíamos subido como 4000 metros en una camioneta grande, ya nos encontrábamos en el punto de arranque para escalar lo que nos faltaba: otros 1500 metros verticales. Llegamos de noche, la montaña se levantaba en nosotros y nos exigía respeto, nos empujaba a sentir mareos y falta de aire, nos daba "mal de montaña", o "mal de altura". Yo sentí nauseas de inmediato, esa noche dormí con frío y angustia: ¿qué pasaría si no me terminaba de acoplar para el día siguiente empezar el ascenso?
Pasó la noche con muchas interrupciones, dormir en sleeping bags y un plástico debajo para que no se cuele el frío de la madera, no es tan cómodo. Despertamos a las 10 con la luz desde hace tiempo molestando, cocinamos nuestro desayuno, nos dimos cuenta de lo que teníamos al frente, siempre la duda en nuestra cabeza: ¿llegaré al final?
El mareo se me pasó, aún en la primera subida de reconocimiento me sentí bien: estaba aclimatado a la altura y al aire. El guía, el Chupes, nos daba confianza y nos preparaba para la noche, todas nuestras cosas tenían que estar listas para la subida, y nosotros bien alimentados con carbohidratos y proteínas. Llenamos nuestras mochilas con los crampones, aguas, barras de cereales, ropa extra, el piolet, y todo nuestro nerviosismo, venido con la creciente falta de luz que traía el atardecer. Hasta esos momentos no existían las horas, de ahí en adelante, eran contadas con sueño: teníamos que dormir.
Esa noche pasé menos frío, descansé lo que pude para despertar a la 1 de la mañana y prepararnos a oscuras para salir. Una escena como sacada de un libro: todos con su lámpara de minero sobre el casco, vestidos con chamarras gruesas y mochilas llenas, bajo un cielo impresionante. Estrellas por todos lados, varias estrellas fugases, negro puro que sólo se interrumpía por la silueta de la montaña encima. Me sentía como El Principito parado en los planetas, como si la corteza de la tierra fuera su final, y nuestro cielo, el universo. Comenzamos a subir en fila, el Chupes, el oso, yo, Rodolfo, mi hermano, y otro guía: rocas sueltas en una pendiente empinada. La noche era preciosa, por debajo del mar de nubes que habíamos dejado atrás cuando subimos al refugio, se veía una ciudad naranja como lava, luces poco definidas que se perdían en el contraste. Subimos hasta la parte donde comenzaba la nieve, el oso no aguantó más la presión atmosférica y bajó con uno de los guías. Quedamos 4 en total. Nos amarramos los crampones a las botas y subimos por los caminos de nieve conectados con una cuerda, el piolet serviría si alguno se caía. El amanecer dividió el cielo en noche y día: una línea de colores que marcaba el cambio perfecto y milagroso de un nuevo día. Llegamos al cono superior de la montaña. Aún faltaban 600 metros verticales para llegar, el día ya era definitivo. Subimos 200 metros más, pero los subí mal: me sentía mareado y me faltaba el aire más que antes. Decidí bajarme del cono para esperar en una isla de rocas en medio de la nieve a que subieran y bajaran los 3 restantes. Bajé amarrado del Chupes, los otros lo esperaron un poco. Llegué al punto de espera para estar solo y disfrutar lo que me faltaba de la aventura: observé lo que tenía delante de mi, disfruté mi tiempo como no lo había hecho hasta ese momento. Ahí me encontraba, a 5,100 metros de altura, viendo un paisaje que tal vez no vuelva a ver igual. Pensé en lo mucho que hay en el mundo, en México, pensé en muchas cosas y dormí. Fui despertado después de algún tiempo (cuánto??) por un amigo del Chupes. venía bajando y me ofreció bajar con él. Acepté, sólo porque sí. No íbamos amarrados uno del otro, pero estaba tranquilo, las presiones habían terminado. Tomé fotos, fui a mi ritmo, el guía al suyo. Estábamos cada uno en su caminata, sólo me marcó camino, y luego yo a él. Llegué al refugio, ahí estaba el oso un poco triste. "La cumbre no lo es todo" me habían dicho. Se lo repetí, y descansé un poco en lo que llegaban los otros. Esperé muy poco para verlos bajar, y después de limpiar y ordenar todo, nos subimos a la Jeep para regresar a casa.













terça-feira, 4 de outubro de 2011

Escenarios ancianos


C y D han estado casados casi 50 años. Su matrimonio aparenta ser sólido a los ojos de sus amigos y conocidos, pero realmente no lo es. Su flaqueza se debe a que C dejó de trabajar cuando sus dos hijos, ahora de 44 y 46 años, se adueñaron del negocio de producción de telas que C construyó para ellos. C y D están orgullosos de sus hijos, les han dado nietos y buen apoyo en su crecimiento. Un día normal para C tiene mucho tiempo libre. Nunca ha encontrado una actividad que lo apasione para ocupar su tiempo. De vez en cuando sale a caminar con el perro que le regaló su hijo, y le dedica la mañana entera en bañarlo y atenderlo. D lo observa al regresar del gimnasio. Se toma un baño largo y espera leyendo la visita de sus nietos, que van a su casa a comer casi diario: su hijo se quedó viudo y a veces no tiene tiempo para salir del trabajo.
Comen en familia y se relajan en la sala de televisión, atienden a sus nietos hasta que se van a hacer sus actividades. C y D apenas platican en todo el día, tienen una relación cada vez más aparente y sin sorpresas. Duermen en camas separadas desde hace 2 años, C patea mucho en las noches y ya no vale la pena luchar, ellos creen que es mejor dormir así, como dos niños en un cuarto compartido.

F es un hombre responsable. Desde la perdida de su esposa E, F trabaja y se concentra en las cosas pequeñas de la vida. Diariamente se para a las 5 am porque no puede dormir más. Ocupa ese tiempo para ver las noticias y planear su día. Sale de su cuarto con el pensamiento absorto en su hija: ¿habrá venido a dormir hoy? Ella tiene 42 años, y desde que falleció su madre, se ha incrementado su (ya de por sí desarrollada) seguridad de quedarse soltera por siempre. F piensa y en eso, la entiende pero no le gusta. Sabe que su hija ha sido responsable en su trabajo como planeadora de eventos, pero espera lo mismo de su vida privada. Hoy no llegó a dormir. F desayuna solo, lee el periódico y se va a la tienda donde trabaja. F vende coches en una agencia, cree que sabe tratar con los clientes, pero sabe que sus maneras ya han sido calificadas de “antiguas”.
F come con algunos compañeros de trabajo o se encuentra con amigos que viven cerca. Sale a las 6 pm. y llega a casa para ponerse al corriente con su hija. Al irse a dormir piensa en esos viajes anuales que hicieron tan feliz a la familia hace años, y que murieron cuando E lo hizo.

G y H se divorciaron. No resistieron más. Sus hijas gemelas dejaron de ser la unión aparente cuando se fueron a hacer la maestría a diferentes países. G fue el primero que lo dijo, y H lo aceptó. Decidieron que su vida juntos había terminado, y que ser libres de nuevo era la opción correcta. G tiene una novia y vive cerca de donde vivía con su ex esposa hace años. Trabaja en una empresa de lácteos y ha crecido dentro de la empresa, llegando a ser Director de un sector interno. Está feliz, cree que el divorcio fue complicado al principio, pero que lo cambió para bien. Regresa a casa para encontrarse con alguna sorpresa que le preparó su novia, su enamoramiento es nuevo e inesperado.
H vive con una de sus hijas en Europa. Se hacen compañía, ahora las dos están solteras. Su vida es diferente a lo que acostumbraba, se ha hecho más abierta y la relación con su hija es cada vez mejor. Con la otra hija casi no tiene contacto. Ella vive en otro lado, y se sintió mucho con los problemas del divorcio, por lo que se alejó de la familia y formó una nueva. H trata de contactarla seguido.

I es un hombre con ideas muy establecidas, algunos lo llaman “obsesivo”. A su pareja J le parece genial. Nunca se casaron porque I no cree en el matrimonio, le gusta ser libre, pero sabe que nunca quiere dejar a J. Aunque llevan una relación sana, cualquier persona podría sentir que J admira mucho a I, y que es un poco extraño verlos juntos. Aun así, la pareja maneja una vinícola a las afueras de la ciudad, y van juntos diariamente a desarrollar sus funciones, cada uno su parte. La vinícola la sienten casi como su casa de campo, se han apegado mucho a sus espacios y a la tranquilidad del campo. De regreso a la ciudad en las noches, salen con muchos grupos de amigos, siempre con ideas políticas y opiniones radicales sobre el país, o el mundo. Les encanta la valentía y la gran capacidad de expresión que les hace sentir el ambiente, sobretodo a I. 


quinta-feira, 15 de setembro de 2011

México

Increíble la vida en México. Me siento en todos lados y al mismo tiempo estancado. Estoy viviendo lo más que me permite la cotidianidad, pero lo poco que le robo lo agradezco. Mis días duran mucho, desde las 6:20 am hasta las 11 o 12 de la noche, y los disfruto por mis actividades y actitudes que tomo en cuanto a mi vida. He aprendido a ver bien todo: el tráfico me deja pensar mucho, la universidad acaba muy temprano siempre, y el trabajo lo llevo muy bien. Además de todo trabajo también en la Sociedad de Alumnos de mi carrera, y como Colectivo estamos organizando un Foro de arquitectura (www.foroentre.com) en Oaxaca, que da mucho que hacer, no solo deberes, sino fiestas y viajes a Oaxaca que resultan siempre en lo que uno menos espera. Oaxaca es una ciudad demasiado bonita y cultural, me encantan sus calles empedradas que siempre llegan a lugares abiertos perdidos por la ciudad, sus edificios pequeños que dejan sentir el sol a lo máximo, sus banquetas angostas que dejan una visión clara de perspectiva para reconocer plazas siempre enfatizadas con árboles, sus diversos museos y galerías o simplemente casas patio, que siempre esconden un ambiente totalmente distinto dentro, un ambiente fresco y cómodo. Oaxaca lo tiene todo, si no se quisiera hacer ese viaje pueblerino, también hay playas más en la costa, que a mi me gustan por la completa relajación de la ciudad, y porque son vírgenes y no se puede hacer nada más que observar el mar y estar en la arena.
El DF es chido también, salgo mucho y llevo una vida que me gustaría pensar equilibrada. Me gusta correr: me olvido de todo, pienso durante los kilómetros que escoja y no hay nada más que el camino y yo. Ahí no tengo que pensar en el camino correcto a la hora correcta para no estancarme y no llegar, ahí corro para no llegar a ningún lado, dar vueltas aparentemente inútiles. Volteo a la pista roja de Chapultepec y se simplifica todo, no pienso en lo que tengo que hacer, pienso en los kilómetros, en el tiempo, en lo que pienso de vida. Me gusta pensar en eso. Siempre decíamos Angélica y yo en Lisboa que no se puede estar solo más de unos días, que nos volveríamos locos, y más nosotros, pero ahora extraño ese tiempo. Ese tiempo se ha reducido a correr, y por eso es muy importante.


Acerca de mim

Estudio Arquitectura en la Universidad Iberoamericana en México, ahora estoy aqui @Raptor2526

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